Reflexión

Atravesar la noche

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Foto: Álvaro Minguito
Foto: Álvaro Minguito

¿Cómo pensar el común y el querer-vivir en el largo encierro? El filósofo catalán participó de un conversatorio junto a sus colegas Marina Garcés, Márgara Millán y Daniel Inclán. El evento fue organizado por Naturailesa, un espacio de arquitectura participativa y gestión cultural. Compartimos la transcripción de sus intervenciones y el video de la charla completa.

Desde los primeros días que nos encierran y que la policía empieza a vigilar las calles, yo decidí que cuando bajaba a sacar la basura iría a pasear, a deambular por la ciudad. Tenía la sensación de que me estallaba la cabeza. Como la policía lleva sirenas azules, se veía de lejos y podía esconderme. Para mí el punto de partida es la impresión del silencio. Nunca había oído este silencio. Todavía estoy dando vueltas sobre esto. Un silencio no por ausencia de coches… es que se oía todo. Se oía una conversación desde un balcón, un silencio absoluto. Escuchar este silencio hecho de desasosiego, de miedo, de angustia, pensar el tiempo que se abre en este momento, un tiempo único, pero hecho de multiplicidad de tiempos de espera. Sigo dando vueltas a un acontecimiento que es parangonable a un 11 de septiembre de 2001 en cierto modo, a la vez que es muy distinto. Es distinto porque es un acontecimiento, claramente, que se prolonga como no acontecimiento, con una duración extraña.

Hay dos cuestiones que me gustaría marcar: una es la constante, por lo menos en Europa, de salvar vidas. El Estado está continuamente diciendo “tenemos que salvar las vidas”. Frente a la economía, salvar las vidas. Entonces la cuestión es que en esta sociedad nos están diciendo cada día que tu vida no vale nada, que es como un Kleenex que se utiliza y se tira, que tú tienes que inventártela. Y ahora el Estado dice que está dispuesto a salvarnos las vidas y que todas son iguales. Acá empiezo a dudar, a poner una mirada sospechosa sobre todo esto. ¿Qué vidas quieren salvar? Y más bien si no es esta vida movilizada, organizada, en la que somos piezas.

El otro aspecto que me gustaría poner sobre la mesa es: ¿qué fuerza política sería capaz de hacer lo que ha pasado, que es lo impensable? Parar el mundo. Ya sé que parar el mundo no es total, porque la empresa Amazon ha ganado más que nunca y las plataformas igual. Pero de algún modo sí que es parar el mundo. ¿Qué fuerza política sería capaz de hacer esto? Ha sido el querer-vivir, una cara del querer-vivir, que es el miedo a la muerte. El miedo a la muerte, empleado y utilizado por el Estado, reconducido, asumido por nosotros, ha parado el mundo. El miedo a la muerte es un querer-vivir. Pero no es un querer-vivir colectivo. Cuando la extrema derecha sale a la calle diciendo “no al bozal” y defiende esta vida individual, no es una vida colectiva. La cuestión sería: el nosotros que se construye sobre el miedo a la muerte, ¿dónde lleva? Aunque tenga muchas cosas en común. El cubrebocas: te proteges y proteges al otro, pero de hecho es la presentificación de la desconfianza. Lo otro sería: si era posible pensar, en esto imposible, una desescalada, una salida diferente de este encierro (que en el fondo es entrar en la caverna de Platón).

¿Qué fuerza política sería capaz de hacer lo que ha pasado? Que es lo impensable; parar el mundo. Sé que parar el mundo no es total, porque la empresa Amazon ha ganado más que nunca y las plataformas igual. Pero de algún modo sí paró el mundo.

Ha sucedido algo que es lo que más nos asustó a todos: la vida es una fuerza oscura. Y en esta ambivalencia está su propia potencia. El poder terapéutico, que es esta cara del poder que cada noche nos dice cuántos muertos van, nos estaba diciendo que el virus era un enemigo y que el sistema inmunológico está para defendernos. En Inmunología hay otra manera de concebir el sistema inmunológico muy diferente, que tiene mucho más que ver con medirse, con lo inseguro, con el peligro, para avanzar y crearse nuevas posibilidades de vida. Es decir: el virus es algo que acompaña a la humanidad (y parece que el cerebro se reprodujo gracias a un virus). Si cambiamos este enfoque de escenario militar, de poder terapéutico-militar, si asumimos que la vida es una fuerza oscura, entonces hay la posibilidad dentro de lo imposible de pensar otra relación. Otra manera de medirse, de componerse con esta vida, con estos virus. Esta es la clave: en esta imposibilidad que se ha impuesto, pensar este imposible. Una composición con esta fuerza de dolor, con esta fuerza oscura de la vida, en la que nosotros no estemos a la defensiva, como el poder ha querido que estemos. La cuestión quizás no era salvar vidas, sino ponernos en relación inventando nuevas posibilidades de vida. Quizás es complicado y difícil de entender, pero en última instancia si la pandemia nos va a matar, ¿qué miedo tenemos que tener a inventar otra relación con el mundo ya? Creo que hay que ir a este límite y Artaud es una figura clave para entender esto. Entender otra manera de pensar el sistema inmunológico y de abrir un horizonte dentro de esa imposibilidad de seguir viviendo como estamos.

La pregunta clave que debería poner el confinamiento es ¿cómo queremos vivir? Después de este paréntesis, de esta epojé que nos ha puesto frente a la banalidad de las existencias, este sinsentido absurdo de estar continuamente moviéndose para sacarse uno mismo del agujero… Después de esto sería muy bonito pensar cómo queremos seguir viviendo. Me conformaría con algunos tópicos, que es muy poco: “Nada volverá a ser igual”, “la nueva normalidad”. De la misma manera que surgió un lenguaje asociado a la pandemia con palabras trágicas, hay una montaña de tópicos. Para abrir espacio a lo común, lo que habría que hacer es transformar el lenguaje poco a poco, deshacernos de él. En España la frase es “Todo irá bien”. No es verdad. No todo va bien ni muchísimo menos. Veo que el pensamiento crítico debería actuar en este punto.

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