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Es tiempo de imaginar lo inimaginable

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Con el golpe de Estado de septiembre de 1973, en Chile nació el neoliberalismo y en ese mismo país empezó a morir con la revuelta de octubre de 2019 y el proceso constituyente en curso. La experiencia chilena muestra una forma de desmantelar el sentido común impuesto por el neoliberalismo y abre un nuevo horizonte en todo el planeta. En este escenario, el Grip (Grupo de Investigación Intercontinental sobre la pandemia), convoca a una asamblea mundial (26 de junio) para apoyar el levantamiento popular en Chile y en el mundo.

Chile no es un lugar cualquiera. Para quien ha vivido los acontecimientos de los movimientos sociales de las décadas de 1960 y 1970, Chile significa el lugar donde comenzó la contrarrevolución global el 11 de septiembre de 1973.

Un golpe de estado liderado por un general fascista llamado Augusto Pinochet derrocó al gobierno socialista de la Unidad Popular por la fuerza de las armas, mató al presidente Salvador Allende y masacró a 30.000 personas en los años posteriores al golpe. La intelectualidad chilena se vio obligada a exiliarse durante décadas.

Pero Pinochet no estaba solo: el criminal nazi fue apoyado y protegido por el presidente Nixon y el secretario de Estado Henry Kissinger, y las medidas económicas impuestas por el dictador se convirtieron en el laboratorio del neoliberalismo. Quienes todavía creen que el capitalismo liberal y el nazismo son dos cosas diferentes no han entendido lo que significó el golpe de Pinochet a nivel global: la ruptura violenta de la democracia social y la inauguración de un agresivo sistema de privatización, reducción de salarios y devastación sistemática del planeta.

Todavía nos cuentan la historia de un conflicto entre la democracia liberal y el nacionalismo agresivo. En realidad, estos son dos modelos complementarios y los regímenes fascistas aplican políticas ultraliberales. Lo primero que hizo Trump cuando llegó a la presidencia fue una reforma fiscal que desvió aún más recursos hacia las grandes agencias financieras privadas.

Chile es un país cultural y tecnológicamente avanzado.

Durante los años de Allende, comenzó la experimentación con Cybersyn, un sistema de red electrónico que tenía las características conceptuales de lo que luego se convertiría en Internet.

Incluso Cybersyn fue atacado con furia por el fascismo liberal.

En 1980, después de haber eliminado toda resistencia con prisión, tortura y exilio, Pinochet aprobó la Constitución que se mantuvo vigente hasta el año pasado. Una Constitución centrada en la primacía absoluta del sector privado y en la anulación de los derechos laborales.

A fines de la década de 1980, el llamado retorno a la democracia les permitió a los chilenos elegir a sus representantes, pero no cambiar la regla social privatista consagrada en la Constitución.

Hasta que el 18 de octubre de 2019, en las estaciones del metro de Santiago, con una protesta estudiantil por el aumento de los precios del transporte, comenzó una revuelta que arrasó durante meses en todas las ciudades del país.

Una revuelta extremadamente radical que involucró a millones y millones de personas en una serie de asombrosas movilizaciones de masas que resultaron en la demanda de una nueva Constitución.

El 25 de octubre de 2020 se celebró el referéndum que sancionó la anulación de la Constitución liberal-fascista por una gran mayoría.

El Covid19 golpeó con violencia la vida colectiva, pero los chilenos no han dejado de perseguir el proyecto de una transformación radical.

El 15 y 16 de mayo de 2021 se realizaron las elecciones para la asamblea constituyente.

Votó el 42,5% del electorado (6.108.676 personas). Los representantes electos fueron 77 mujeres y 78 hombres cuya edad promedio es de 42 años.

37 de los elegidos son de Chile Vamos, una formación de extrema derecha.

25 corresponden a una lista de centro llamada Apruebo.

Los demás constituyentes, correspondientes al 70%, pertenecen a la lista Apruebo Dignidad, al Frente Amplio, al Partido Comunista y a la Lista del pueblo.

Estas formaciones están abiertamente a favor de una Constitución basada en los derechos sociales y orientada a la redistribución de la renta desde una perspectiva igualitaria. Entre estas formaciones, la Lista del Pueblo (27 escaños) es la que representa la instancia más radical, de tipo indigenista ecologista igualitario, y es la que los movimientos sociales han votado en su mayoría (aquí la fuente).

Al mismo tiempo se llevaron a cabo las elecciones para la comuna de Santiago: la alcaldesa es una treintañera del Partido Comunista.

El programa en el que se inspiran estas fuerzas son: garantía de los derechos sociales y laborales, reconocimiento de las autonomías de los pueblos indígenas, educación pública de calidad (la escuela privatizada ha sido uno de los temas sobre los que los movimientos se han movilizado reiteradamente en las últimas décadas). Quizás alguien recuerde el prolongado levantamiento estudiantil de 2011.

No hace falta decir que el proceso constituyente chileno es un hecho completamente de contra tendencia. El silencio absoluto de la prensa y la opinión pública europea es asombroso (suponiendo que todavía exista y me parece que no).

Por supuesto, debemos esperar la reacción del sistema financiero global y la reacción de la casta militar, que no fue reformada con el fin del pinochetismo.

Pero por eso mismo debemos hacer todo lo posible para que la información sobre Chile comience a circular, y también debemos entender que el proceso constituyente nos afecta a todos, porque es la última ventana abierta en el mundo antes de que la oscuridad se vuelva completa.

Desde la primera semana de julio comienza el trabajo de la asamblea constituyente: se trata de reescribir la Carta Magna sobre una base igualitaria, antiautoritaria, de transformar a Chile en un país multicultural, feminista, radicalmente ecológico.

Durante algún tiempo he estado practicando pensar con dos cerebros.

El cerebro de lo probable ve el dominio de las corporaciones globales aplastando definitivamente a la sociedad en todas partes. Ve cómo el fascismo se extiende por Europa: los generales franceses amenazan con una guerra civil. El nacionalismo madrileño y el nacionalismo catalán, especularmente, se preparan para el choque. En Italia, el hombre de Goldman Sachs extiende la alfombra roja sobre la que avanzan el partido racista de Salvini y el partido fascista de Meloni.

De Ucrania a Bielorrusia, de Palestina a Irán, la guerra se perfila en las fronteras de Europa.

El genocidio continúa en el cementerio mediterráneo.

Los desastres ecológicos se suceden a diario.

Barcos cargados de sustancias tóxicas en el Golfo Pérsico y el Océano Índico.

No hay una luz de esperanza en el panorama cerebral probable.

Sin embargo, el cerebro de lo posible ve la revuelta chilena, ve el proceso constituyente, y no deja de ver lo inimaginable como posible.

Es hora de imaginar lo inimaginable.

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Un emergente global

Revuelta chilena, ¿un emergente global?

Asamblea para conectar y formar comités y grupos, que den visibilidad y apoyo al levantamiento popular y al poder constituyente en Chile y en el mundo.

El GRIP (Grupo de Investigación Intercontinental sobre la Pandemia), convoca a los distintos grupos de Italia, Suiza, España, Francia, Argentina, Uruguay, Brasil, México, Bélgica y Chile con los que hemos entrado en contacto en estos tiempos,

La fecha es el 26 de junio de 11 a 14 horas en Latinoamérica y de 16 a 19 horas en Europa.

En este grupo venimos trabajando desde marzo de 2020 en los fenómenos sociales, clínicos y grupales, que se están desarrollando en torno a la sindemia del coronavirus, un acontecimiento que ha puesto de relieve muchos de los conflictos ya presentes en nuestro mundo globalizado.

Creemos que la forma en que denotamos los procesos en los que estamos inmersos nos ayuda a establecer amplios horizontes de comunicación y acción. El lenguaje da forma al imaginario colectivo.

Ya hemos convocado a varias asambleas abiertas para reflexionar sobre algunos de estos aspectos, y consideramos la revuelta popular chilena como un emergente global que nos muestra nuevas y creativas formas de lucha y gestión política y social.

Nos sentimos vinculados a estos procesos y nos proponemos continuar de esta manera porque creemos que debemos expandir este grupo creativo nacido en la revuelta popular chilena, porque muestra cómo podemos enfrentar el miedo y el terror que el neoliberalismo inocula ante la rebelión contra situaciones sociales de desigualdad y sufrimiento.

Pasar por un proceso constituyente como el que se está abriendo en Chile significa necesariamente crear planes de coherencia y organización entre fuerzas diversas: organizaciones de la sociedad civil, partidos políticos, varios agenciamientos de organización e inteligencia colectiva, singularidad y multiplicidad.

La revuelta chilena y la forma en que se construyó un poder constituyente es una novedad, una invención política que la convierte en este momento en emergente de una situación universal.

El proceso que se inició con la revuelta de 2019 abre una perspectiva que va mucho más allá de las fronteras de Chile. Producir conexiones y radiaciones de esta experiencia es un modo de dar visibilidad y coherencia a nuestro trabajo en grupos e instituciones.

“No era depresión, era capitalismo”.

Esta frase se vio escrita en las paredes y en los carteles que llevaban lxs jóvenes chilenxs en un levantamiento popular que no fue detenido por la represión criminal lanzada por las fuerzas gubernamentales. Una revuelta en varios niveles de la vida cotidiana que muestra que otra forma de vida es posible.

Una horizontalidad multitudinaria se manifiesta en las acciones de los más diversos grupos independientes que se expresan, luchan y plantean sus demandas.

Así se produce un movimiento, una onda, en la que se combina la vibración emocional con una semiótica que inaugura nuevos acontecimientos.

Por estos motivos, desde GRIP, convocamos a una asamblea para el sábado 26 de junio.

Intentamos desde la zona latina de los dos continentes, hacer un balance de las condiciones de subjetividad pospandémica, imaginar cómo la evolución caótica del futuro cercano puede abrir una ventana de activación a la solidaridad y al placer de vivir, a la redistribución equitativa de la riqueza, a la feliz frugalidad contra el cinismo y a la fuga del agujero negro de la depresión.

La experiencia chilena nos muestra una forma de desmantelar el sentido común impuesto por el neoliberalismo.

En Chile nació el ciclo neoliberal con el golpe de Estado de Pinochet del 11 de septiembre de 1973, y en Chile empezó a morir con la revuelta de 2019 y el proceso constituyente.

Se puede abrir un nuevo horizonte en todo el planeta.

¡Hasta pronto!

GRIP (Groupe de recherche intercontinentale sur la pandemie)

Para participar de la asamble del GRIP, enviar un correo a  gruppo_diricerca@libero.it

Fuente: Revista Effimera