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El fascismo de los perdedores

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Para acompañar la salida de “El umbral. Crónicas y meditaciones”, el nuevo libro del filósofo italiano Franco “Bifo” Berardi, compartimos la transcripción de la charla pública en FM La Tribu durante su visita a Buenos Aires en noviembre de 2018. También se puede escuchar y descargar en formato fanzine.

Foto: José Maldonado
Foto: José Maldonado

Diego Skliar: Este es un programa especial en FM La Tribu con Franco “Bifo” Berardi, filósofo italiano que nos acompaña aquí en la Argentina. Vamos a contar de él algunas cosas biográficas puntuales: que ha participado desde muy joven en el movimiento estudiantil de Bologna en el año 68; que fue parte de la fundación de Radio Alice, una radio pionera en materia de medios alternativos, comunitarios y populares –y que es una influencia para una experiencia como esta de La Tribu–; que estuvo preso por su militancia en 1975, que luego se refugió en París, donde conoció a Guattari; que participó de varias revistas, escribió decenas de libros y hasta estuvo en la fundación del canal de televisión comunitaria Orfeo, pionero también en materia de comunicación comunitaria en Italia. En Argentina su obra está publicada por editoriales independientes como Caja Negra, Hekht, Cactus y Tinta Limón. Diego Sztulwark, el placer de saludarte en esta mañana, y la pregunta de ¿por qué es interesante hablar con Bifo siempre que podemos?

Diego Sztulwark: Bueno, es difícil de decir… yo creo que Bifo es para todos nosotros el amigo al que vemos poco, pero está siempre presente y sus textos circulan. Me da la impresión –y lo pondremos en práctica ahora mismo– de que Bifo nos trae una práctica cartográfica, una manera de abrirnos una y otra vez a las preguntas: ¿qué está pasando?, ¿quiénes somos hoy?, ¿cuáles son las preguntas que tenemos? Nos da un lenguaje para hablar de eso. Hablábamos recién con él sobre la extraña repercusión que tienen sus textos en México, en España, en Argentina, que no es exactamente el contexto de sus discusiones. Recién Bifo me decía “son discusiones que tengo más con el mundo angloparlante”. Pero hay una repercusión, notaba Bifo, acá. Yo creo que tiene que ver con eso: necesitamos fusionar unas cartografías que sino vienen muy separadas –el psicoanálisis tienen la suya, la militancia política tiene la suya, el mundo filosófico tiene la suya– y todos esos aspectos de la subjetividad van como por rutas muy separadas. Me parece que lo trae de Guattari esto, que es cómo vamos uniendo modelos distintos para pensar la línea de lo que ocurre. Me parece además que hay una urgencia, y esa urgencia es una urgencia latinoamericana, la coyuntura en la que estamos, lo que está pasando con esto que llaman el fascismo, las nuevas derechas. Ojalá podamos charlar un poco de esto con Bifo.

DS: Para abrir entonces la conversación, ¿por qué el fascismo está encontrando tierra fértil en la población, por qué a través del voto llega un Bolsonaro? Y que esto nos sirva como disparador para pensar estos mapeos.

Bifo: ¿Fascismo? A mí no me parece que se trate de fascismo. El fascismo, en el otro siglo, era una forma de agresividad, de violencia, de los jóvenes, vinculado con la euforia, con la agresividad expansiva. Hoy hay algo muy diferente: la agresividad es la misma, la violencia es la misma, pero no hay euforia… hay depresión. No hay jóvenes, hay viejos –viejos que tienen 20 años, puede ser, pero viejos–. Gente que no tiene ningún futuro y lo sabe, humillados, perdedores, es un fascismo de los perdedores. ¿Cómo puede ser un fascismo de los perdedores? El fascismo es “¡Venceremos! ¡Ganaremos!”. Hoy no hay nadie que pueda decir “¡Ganaremos!”. No hay nada que ganar, hemos perdido todo. Entonces votamos Bolsonaro. No hay un sentimiento eufórico y futurista, es el futurismo el que desapareció. El futurismo fue decisivo para definir el fascismo del siglo XX. Es peor que el fascismo, si se puede. Si hay una comparación posible a nivel político, social, es una comparación con el nacional socialismo alemán, la dinámica social que ha preparado la victoria de Salvini en Italia, o de Trump en los EE. UU., es la dinámica que preparó la victoria de Hitler en Alemania. Es una humillación y un empobrecimiento de la población alemana en los años veinte y el sentimiento de haber perdido todo. Cuando Hitler apareció en la escena ¿qué dijo? Él dijo “¡No somos trabajadores vencidos, somos alemanes blancos y ganaremos!”. Perdieron, pero destrozaron Europa. Lo mismo pasa hoy, son humillados y Trump dice “¡No somos trabajadores humillados, somos blancos y ganaremos!”. Perderán, pero destrozarán el mundo.

DSZ: Empezamos bien, empezamos con optimismo. Recién cruzando la Avenida Corrientes dijiste esta frase: “El neoliberalismo de izquierda es lo peor, el problema es que esta alternativa no es mejor”. ¿Qué quiere decir que el neoliberalismo de izquierda es lo peor y en qué sentido preparó un poco esto que hoy estamos viviendo?

Bifo: Significa que Trump y Bolsonaro son la forma más triste que la humanidad ha producido, pero a otro nivel. Piensen en lo que es Tony Blair, piensen en lo que es Gerhard Schröder, piensen en lo que es Massimo D´alema, la izquierda neoliberal en los años ochenta, noventa, dos mil. Son ellos los que sabían, los que conocían la historia, ellos sabían que desamparar a los trabajadores era preparar el terreno para el fascismo. Si no lo sabían son ignorantes, si lo sabían son asesinos. Son ellos los que han preparado la victoria de esta forma nueva, que no puedo nombrar por que me falta la definición exacta, pero que es un volver a la barbarie. ¿Qué han hecho? Han tomado la fuerza y la confianza de millones de trabajadores en el mundo y la han cambiado por poder. Tony Blair, apenas convertirse en jefe de una potencia mundial gracias a su relación con el movimiento laborista inglés, gracias a la confianza de los trabajadores, los ha vendido a la finanza global, los ha vendido al capitalismo global. Hoy es funcionario de una corporación, como Schröder es funcionario de Gazprom. En este sentido, éticamente hablando, son peores, son los que han preparado el regreso de la barbarie.

El fascismo, en el otro siglo, era una forma de agresividad, de violencia, de los jóvenes, vinculado con la euforia, con la agresividad expansiva. Hoy hay algo muy diferente: la agresividad es la misma, la violencia es la misma, pero no hay euforia… hay depresión.

Natalia Gennero: El año pasado cuando te entrevistamos hacías referencia al carácter patriarcal de la concepción moderna de la política, que puede estar presente en el neoliberalismo de izquierda, tanto como en el fascismo de los jóvenes viejos. Que se basa, decías vos, en la idea de una razón abstracta masculina que debe gobernar y debe dominar, a la fortuna, al azar, al deseo, al cuerpo, a lo femenino. En relación con eso queríamos preguntarte ¿qué potencia le ves a los movimientos de mujeres, si le ves una potencia de religar lo político con lo vital?

Bifo: En el capítulo 25 de un libro que se llama El príncipe, Nicolás Maquiavelo –que puede ser considerado como uno de los fundadores de la política moderna– dice una cosa que es extraordinariamente interesante y explicativa. Él dice que el príncipe, es decir el poder, el poder político, tiene que someter a la fortuna –en latín significa multiplicidad de los acontecimientos del mundo, impredecibilidad del mundo–, que es femenina, y como todas las féminas es caprichosa e impredecible. Es perfecto, porque Maquiavelo explica lo que el poder ha sido durante los siglos de la Modernidad, es decir, sumisión violenta de lo impredecible y de la riqueza misma de la naturaleza y del conocimiento. Cinco siglos después nos encontramos con una situación que parece sin salida. Una situación de destrucción masiva de la naturaleza, de destrucción profunda de la psiquis humana, de devastación de las relaciones entre hombres y mujeres, y entre hombres. Entonces yo creo que, en este punto, la contribución principal del movimiento feminista no es solo una contribución de género, no es solo el problema de la liberación de la mujer. Es una cuestión de la liberación de la humanidad en su conjunto. Es una cuestión de la liberación de la riqueza de la naturaleza y del conocimiento. Una liberación de la naturaleza y el conocimiento de la reducción que es primariamente patriarcal, masculina, pero al mismo tiempo capitalista y estatal. El Estado, el capital, son figuras históricamente determinadas del dominio patriarcal sobre la imprevisibilidad rica del conocimiento. Lo que yo entiendo del feminismo es sobre todo la posibilidad de redescubrir la riqueza del conocimiento fuera de los límites que el patriarcado capitalista y estatal ha reducido.

DSZ: Te quería proponer conversar un poco sobre lo que planteas en Fenomenología del fin, este pasaje de una sociedad conjuntiva a una conectiva. El pasaje de un momento donde la imaginación y la libertad del conocimiento juegan un papel muy importante a la hora de descifrar signos, relaciones, sentidos entre las cosas, a un momento que vos llamas de conectividad, en el que los signos están predeterminados, están programados, están compatibilizados previamente, y lo no dicho se nos escapa, nos desentrenamos en la sensibilidad. El semiocapitalismo en su fase actual es insensibilizante. La pregunta un poco sería esta: cuando pensamos en el movimiento de mujeres, o cuando pensamos en todos los movimientos que intentan restituir esta multiplicidad, que quieren zafarse del control capitalista, para devolver esta libertad, este goce respecto a las cosas, ¿cómo se trabaja esto en este endurecimiento conectivista del mundo? ¿Qué relación hay entre esta fase conectiva, en que las corporaciones controlan un poco el mundo de los signos y lo que vos llamas en tu libro la ironía, esta capacidad de saltarnos los códigos, de restituir un tiempo y una sensibilidad en la cual podemos nosotros ser agentes de conocimiento libre?

Bifo: Antes que nada: ¿qué significa sensibilidad? En la filosofía moderna, la dimensión sensible está considerada más o menos como un nivel inferior del conocimiento, como el comienzo del conocimiento, que tiene que ser superado por una forma más alta, más abstracta. En la Modernidad, de hecho, la abstracción constituye el filo más poderoso de transformación de la vida, de la abstracción del trabajo hasta habla Marx, la abstracción financiera, etc. Pero hay un mal entendido fundamental en esta visión del mundo: la sensibilidad no es el comienzo bajo del conocimiento alto. No es así, no se trata de eso. La sensibilidad es la capacidad de entender lo que no se puede traducir en palabras. Mejor, en signos numerizables. Eso es la sensibilidad. Es la capacidad de entender lo que es ambiguo. El papel, el lugar, el espacio de la ambigüedad es lo que solo la sensibilidad puede enfrentar. El problema es que el humano es ambiguo, no hay posibilidad de reducir al humano a algo unívoco. Tal vez podemos hacerlo, pero sería una reducción. La abstracción y el proceso de numerización del conocimiento no es ni bueno ni malo, simplemente es una reducción de la riqueza implícita en la ambigüedad. Entonces cuando hablo de ironía… ironía es un concepto demasiado difícil para poder definirlo, no se puede definir (toda definición de ironía no es irónica, entonces tenemos que olvidarla). La ironía es la comprensión de que toda enunciación humana no se puede definir. O sí se puede definir, pero tenemos que saber que toda definición no va a ser tan rica como el acontecimiento mismo. Esa es la ironía. Entonces la sensibilidad vuelve hoy como un problema totalmente crucial en la historia del conocimiento, de la comunicación, de las relaciones sociales mismas, por que la sensibilidad está en peligro, en un peligro mortal. ¿Qué está pasando a este nivel? Se está pasando de lo que yo llamo comunicación conjuntiva a la comunicación conectiva, es decir, el pasaje de la comunicación humana, ambigua, a la comunicación digital. ¿Cuál es la diferencia entre conjuntivo y conectivo? Lo conjuntivo es la capacidad de entender al otro a través de los signos verbales y de los signos no verbales, que circulan ambiguamente en el territorio de la comunicación. Lo conectivo es la reducción de la pragmática a la sintaxis. Es la reducción de la ambigüedad a la simple definición del sí o del no, del blanco o del negro, del 0 y el 1. No estoy descartando o rechazando la importancia, la riqueza instrumental de lo conectivo. Estoy diciendo que si reducimos el conocimiento y la comunicación a lo conectivo, estamos perdiendo lo más importante, estamos perdiendo la ambigüedad. ¿Qué significa ambigüedad? Si puedo permitirme una palabra sobre lo que pasa hoy al interior del movimiento feminista mundial, yo diría que hay una diferencia entre el movimiento #MeToo norteamericano, y el movimiento Ni una menos que nace de Latinoamérica y que se difunde en el mundo. No es una diferencia política, es una diferencia filosófica. Es la diferencia entre los que dicen “sí es sí, no es no” y los que reconocen que la relación erótica, la relación lingüística tiene una ambigüedad. Yo sé que en situaciones de violencia “no es no”, pero intentamos pensar en términos que no sean reducidos totalmente por las condiciones de violencia que estamos obligados a considerar. Y eso significa que en la relación humana lo que es más importante es el entendimiento de la intención en su ambigüedad, es decir, en su riqueza, es decir, en su exceso. El exceso de sentido, el exceso de significado que nos permite progresar. El progreso humano, el descubrimiento de cosas nuevas, la posibilidad de emanciparnos de la tiranía del capitalismo o del poder, es un exceso del lenguaje. La poesía, ¿qué es la poesía al final? Es la palabra que sale de la palabra, es la palabra que cuestiona el sentido y descubre posibilidades que están detrás, que están mas allá del sentido. Ese es el problema de la sensibilidad en nuestro tiempo.

La ironía es la comprensión de que toda enunciación humana no se puede definir.

DSK: Bifo, ¿cuáles son los problemas, las patologías, las enfermedades que aparecen cuando al pasar al sistema de 0 y 1 nuestros cuerpos sensibles no logran adquirir la velocidad de la máquina, la velocidad del algoritmo? ¿Cómo padecemos la ambigüedad entre el sistema de 0 y 1 y nuestro cuerpo sensible?

Bifo: Ese es un tema que nos obliga a reflexionar sobre la relación entre transformación tecnológica, económica y de formas del psiquismo social. En el siglo pasado siempre ha habido una discusión entre movimiento social y psicoanálisis, que eran dos territorios distintos que intentaban intercambiar algo. Pero distintos. Hoy esa distinción no existe. Si quieres entender cómo se puede transformar las relaciones sociales tienes que reflexionar analíticamente sobre el sufrimiento psíquico. Y si quieres curar, actuar en la dimensión del sufrimiento, tienes que hablar de precariedad y de violencia social. Entonces, dos dimensiones diferentes se transformaron en una sola. Y concretamente ¿qué está pasando? Hay un movimiento que se llama aceleracionismo, que me parece muy interesante, que dice esencialmente –retomando algunas intuiciones que vienen de Karl Marx– que el capitalismo debe ser acelerado hasta el punto en que se pueda pasar a una dimensión diferente. Lo que me parece bien, lo comparto totalmente, pero lo que olvidan los compañeros aceleracionistas (algunos de estos compañeros militantes en el campo de Trump, como para aclarar qué tipo de ambigüedad está implícita en el aceleracionismo) es la dimensión subjetiva, la dimensión psíquica de esto. La transformación técnica en las últimas décadas ha producido esencialmente un efecto que yo veo en el círculo pánico / depresión. El pánico, el concepo de pánico, no existía en la psiquiatría freudiana, en la psiquiatría del siglo XX. El pánico hasta hace 50 años, significaba algo así como el sublime romántico frente a la infinita riqueza de la naturaleza –de hecho, la etimología del término viene del griego pan que significa la totalidad–. Hoy el sentido de la palabra pánico, o crisis de pánico, es un sentimiento de extrema angustia y sobre todo como un temblor del alma, como una incapacidad de distinguir las cosas que te rodean y como un venir menos de la subjetividad misma. ¿Qué es el pánico al final? Es un efecto de la aceleración de la infoesfera. La infoesfera no se limita a vincular signos, los signos son estimulaciones neuronales al mismo tiempo que portadores de significados. Y cuando la infoesfera, es decir, la estimulación neuronal, se acelera mas allá de un cierto punto, esto produce un efecto de pánico. Como si el organismo se encontrara desamparado de filtros de racionalización, de entendimiento, de elaboración. Es la elaboración emocional (y no solo la racional) que falta cuando la estimulación nerviosa sobrepasa cierto nivel. ¿Y qué pasa después del pánico? Viene el sentimiento depresivo, el sentimiento de que el mundo es incompresible y doloroso, entonces tengo que cortar toda relación de deseo hacia el mundo. Y la depresión es un caer del deseo del mundo, es un caer de todo tipo de relación deseante con los acontecimientos, con los cuerpos, con los otros. Hoy pánico y depresión definen… hay una dimensión económica del pánico y de la depresión. Cuando hablamos de precarización del trabajo, también hablamos de una condición en la cual el trabajador se encuentra desamparado frente a una aceleración de un ambiente que se hace peligroso: “Tengo que saber más de lo que sabe mi colega por que sino voy a perder mi empleo”. Entonces no es solo un problema emocional, es también un problema social. A esta altura de la patología, se nos impone el problema político de repensar el tema de la solidaridad y de la organización política de los explotados. Antes que nada, es un problema de psicoterapia en un sentido muy básico, no en el sentido simplemente psíquico sino también en el sentido relacional. Es el erotismo de la dimensión social que se ha desvanecido en el presente. Por que lo social hoy en día no se presenta como algo deseable, erótico, sino como un lugar de miedo, agresión y desolidarización.

NG: Te quería hacer dos preguntas, pensaba si puede ser también una estrategia lo del “no es no”. Entiendo que el erotismo anida en la ambigüedad, entonces anular la ambigüedad es de alguna forma empobrecer los vínculos. Pero también pensaba si no te parece que hay alguna posibilidad de que ese “no es no”… pienso que el problema con el no de la mujer no es que se entienda como un sí, no es un problema de ambigüedad, sino que no vale como no, por que no vale el cuerpo que lo sostiene, por que no vale el deseo que lo sostiene. Entonces decir “no es no”, puede ser decir “mirá, en realidad este código que se nos presenta como neutral, como una técnica que distribuye los cuerpos por igual, en realidad está distribuyendo posiciones de poder”. Entonces no es lo mismo el no de un varón que el no de una mujer. Quería preguntarte por un lado eso, si te parece que, a pesar de que empobrece, puede ser una estrategia de desarmar el lenguaje volviendo sobre el lenguaje. Y, por otro lado, hacer mención a algo que está en tu libro Fenomenología del fin, donde vos decís que la precariedad es un tema que atañe a las relaciones económicas pero que en realidad es mas profundo y tiene que ver con cómo accedemos al lenguaje.

Bifo: En cuanto a la primera cuestión, tengo que ser claro: “no es no”. Pero si somos obligados a decir “no es no”, significa que estamos en guerra, que estamos en una condición en la cual el erotismo… no, el erotismo es una palabra demasiado importante… la sexualidad está separada de la amistad. Cuando sexualidad se opone a la amistad, cuando pensamos la sexualidad en forma de agresión, de ganar o perder, en este punto es inevitable: “no es no”. Pero yo intento creer que la sexualidad pueda devenir erotismo, es decir pueda devenir una relación en la cual los cuerpos y las almas se encuentran en una dimensión en la cual la riqueza de las expresiones del devenir se pueda interpretar de manera no unívoca, no reducible. Me refiero por ejemplo a la polémica que ha habido en el feminismo norteamericano ya en los años noventa, alrededor de los libros de Camille Paglia, que en sus libros reivindica la dimensión barroca, mediterránea, de la figura de Madonna. Paglia habla mucho de la ambigüedad de la figura feminista –radicalmente feminista– de Madonna. Mientras la mayoría del movimiento feminista “puritano” consideraba la figura de Madonna –y en general la alusión a la pornografía– como algo simplemente masculino, como una auto-identificación masculina de la mujer, me parece que en el mundo latino –y diría también en el mundo barroco, el barroco como oposición al puritanismo- siempre ha habido una conciencia del hecho de que el erotismo es capacidad de vivir la complejidad del lenguaje, no de reducir el lenguaje. Naturalmente todo eso supone una dimensión utópica, una dimensión que no estamos viviendo. Lo que estamos viviendo es una dimensión peligrosa; es decir, antagónica; es decir, no amistosa de la relación entre cuerpos sexuados. Pero me permito, no oponer sino añadir, una reflexión sobre el erotismo que no sea reducida a la dimensión legal, reducida a la dimensión puramente puritana. El puritanismo para mí juega un papel fundamental en la génesis, en la genealogía de la cultura digital contemporánea y en la reducción binaria del pensamiento y de la emoción.

La segunda cuestión se vincula muy estrechamente con la primera: precariedad y lenguaje. Cuando se dice precariedad, naturalmente se entiende como la relación de trabajo desvinculada de una regulación, de una negociación legal, inseguridad del trabajo, etc. Pero si intentamos entender lo que significa hoy la precariedad para la generación conectiva, para la primera generación que aprendió más palabras con una máquina que por la voz de la madre, me parece que esta palabra tiene otro sentido más profundo. ¿Qué significa la precariedad para mí? La precariedad se forma al nivel de la relación entre significado y significante. Una filósofa italiana, que se llama Luisa Moraro, escribió El orden simbólico de la madre, que es un libro muy importante, desde el punto de vista lingüístico, no solo filosófico. Se pregunta: ¿Cómo es que yo he aprendido que esto se llama “agua”? ¿Cómo lo he aprendido? ¿Cómo puedo verificar esta cosa incomprensible, que es la vinculación entre un sonido “agua” y el significado funcional de esta palabra? Es en la relación con la madre (cuando digo madre no estoy hablando de la madre biológica, no estoy hablando de una madre mujer…  puede ser un amigo de la familia, puede ser el tío, puede ser la hermana), ¡es la voz! Es la singularidad de la voz. Giorgio Agamben, en un texto que se llama El lenguaje y muerte, dice que la voz es el punto de conjunción entre la carne y el sentido. ¡Fantástico! Es verdaderamente una intuición filosófica fundamental. La vibración singular de la voz, el sentimiento de confianza total en esta singularidad es lo que hace el vínculo con el sentido, el significado. El significado nace desde esta vinculación entre la singularidad contextual, carnal, erótica de la voz. ¿Qué pasa cuando se forma una generación que aprende más palabras por una máquina que por la voz de la madre? Esa es la raíz de lo que llamamos precariedad. Es el hecho de que el sentido de la palabra se va desplazando del territorio vibracional, singular, erótico, de la voz hacia la dimensión fría, binaria de la funcionalidad. “Esto es ‘agua’ porque funcionalmente tengo que saber eso para beber, bla, bla, bla”. La formación maquínica del lenguaje es una relación puramente funcional: tienes que saber que eso significa eso, porque es la única manera para recibir una respuesta. En la relación con la voz no hay univocidad de la interpretación. Podes no comprender muy bien… no importa, la próxima vez comprenderás mejor. O puede ser que no entiendas, pero eso tampoco está mal. El malentendido es una cosa buena tal vez, es el exceso, es el enriquecimiento del campo lingüístico. Pero en la relación binaria no, si no entiendes, pierdes en la dimensión comunicacional. Eso es la precariedad. Hay una dimensión psíquica de la precariedad que se podría identificar con este tipo de incertidumbre en la relación con el lenguaje: “no sé qué son las palabras, solo que son como botones que puedo pulsar para obtener un efecto. Eso es lo que yo sé”. No hay nada de carnal, no hay nada de erótico, no hay nada de excesivo.

El malentendido es una cosa buena tal vez, es el exceso, es el enriquecimiento del campo lingüístico.

DSZ: Es evidente que todo lo que estás contando tiene un recorrido teológico. El libro que te editó la editorial Cruces se llama El trabajo del alma y en el último tiempo también hay en tus textos un pasaje por el budismo. Me parece entender que estás enfrentando la idea de una separación entre el cuerpo colectivo y el alma colectiva, o también lo que cierta tradición marxista llamo el general intellect, la inteligencia colectiva, y estas buscando por dónde encontrar creencias o modos de confiar en el mundo. La pregunta que te hago es tal vez un poco extraña: vos definís el obrerismo o el autonomismo italiano, del que participaste activamente y que para muchos fue una escuela importante, sobre todo en la época del 2001 y la irrupción de los movimientos sociales, como un “composicionismo”. Como una especie de método abierto donde la composición del trabajo, de la subjetividad, técnica, psíquica, todo forma parte de un mismo movimiento. ¿Hasta dónde te sirve el composicionismo, toda esta lectura de los métodos rizomáticos, cartográficos, para ir haciendo esta crítica al capitalismo como una suerte de teología de la división, de la dualidad, de la desconexión, de la locura?

Bifo: Puedo añadir una cosa que puede interesarte. En los últimos meses he publicado dos libros en Italia y en Inglaterra. Uno es Futurability, el otro se llama The Second Coming (el segundo advenimiento), y es un libro sobre el apocalipsis, sobre el apocalipsis en la historia de la Iglesia Católica y la aparición de Bergoglio en Roma diciendo “Yo soy el Papa del fin del mundo”. Yo no soy teólogo y no me interesa nada de la religión, soy un ateo irredimible. Pero naturalmente me doy cuenta de cuánto, en la dimensión mitológica contemporánea, lo que deriva, lo que viene de la teología se hace importante. No sé si es bueno o malo, pero es así: tenemos que entender la metáfora teológica. Entonces, ¿qué es el apocalipsis, por ejemplo? Vivimos evidentemente tiempos apocalípticos, en el doble sentido del término: tiempos catastróficos, tiempos de desencadenamiento del mal, pero al mismo tiempo, tiempos de revelación. Porque eso es el apocalipsis: el develar. ¿Qué se devela hoy? Antes que nada, se devela la violencia total del capitalismo, el carácter esencialmente mortífero que la economía lleva en sí misma. La economía, no solo el capitalismo. La economía como episteme omnívora y destrozadora. Pero del otro lado, en este apocalipsis, tenemos que ver una segunda posibilidad que es el retorno, el retornar de algo. Hay un poema de William Butler Yeats de 1919, después de la Primera Guerra Mundial, que se llama The Second Coming, una poesía bellísima que parece escrita hoy y que al final dice algo así como que el mal se está empoderando del mundo, entonces Cristo tiene que llegar una segunda vez. Cristo no llegó, llegó Hitler. Estamos en una situación similar. ¿Cuál es el sentido político de esta locura del segundo advenimiento? Es peligroso jugar demasiado con las metáforas teológicas, pero hay una posibilidad, una sugerencia mitológica en eso y que concierne a nuestra política de hoy, nuestra política de la década que viene, una década que será horrible. Tenemos que saberlo, no podemos contarnos historias de que la resistencia, la resistencia… La resistencia no resistirá. Es decir, tenemos que resistir, como Victoria Rigoni, “Mantenernos humanos” o como los que durante la violencia nazi decían “Salvar una persona, aun a costa de mi vida, hacer lo que es justo a nivel humano”. Entonces, tenemos que resistir, pero la resistencia no ganará. ¿Qué tenemos que hacer más allá de resistir? Tenemos que preparar el segundo advenimiento, tenemos que salvar la conciencia del hecho de que el conocimiento humano es tan rico que no puede reducirse al semiocapitalismo. Que la riqueza de la afectividad humana es tal que no puede reducirse a la aceleración económica y a la competencia. Esa es la tarea más importante. Interpretar el apocalipsis para transmitir la conciencia de que el posible no se reduce al probable. Que el posible es más rico que lo que está pasando. ¿El composicionismo qué es? El composicionismo es el entendimiento de que en las relaciones sociales no hay solo economía, hay algo más complejo y profundo. La composición de la clase obrera en los años sesenta o setenta, no era solo la solidaridad social entre actores económicos en conflicto. Era también el efecto de la música rock, de la marihuana, el efecto del descubrimiento de nuevas posibilidades técnicas y comunicacionales. Es decir, la composición social es el conjunto de formas materiales económicas y de formas materiales no económicas. Lo psíquico no es menos material que la economía. Eso es el composicionismo, el entendimiento de que la subjetividad es un fenómeno social, pero al mismo tiempo psíquico, erótico. Cuando hablamos de general intellect… Marx ha dicho de manera absolutamente clara y contemporánea: “Hay una potencia enorme que es la conexión entre cerebros”. Marx lo dice de una manera diferente, Marx dice general intellect, pero debería decir Internet. Esto es de lo que está hablando Marx. La conexión de cerebros que son distantes en el espacio y en el tiempo pero que colaboran al mismo proyecto, al mismo proceso. Desgraciadamente este proceso es la valorización del capital. Al nivel de un análisis de la composición social podemos entender que el problema del general intellect es su falta de carnalidad, su falta de erotismo. El general intellect hoy tiene una potencia, una posibilidad infinita, enorme, mucho mayor de lo que vemos actualmente. Pero la potencia no se actualiza porque 100 millones de trabajadores cognitivos que cada día producen y reproducen la máquina global, están aislados, están en una condición de miedo, de depresión, de soledad y de competencia. El problema político fundamental es reactivar la conjunción erótica de 100 millones de cuerpos cognitivos. Esa es lo que yo llamo la “Silicon Valley Global”. La “Silicon Valley Global” que ha creado la máquina de explotación y de alienación es el único sujeto social que puede mañana, al interior y después del apocalipsis, desmantelar la máquina global y reprogramarla siguiendo un principio diferente que no sea el principio de la valorización del capital, sino el principio de la utilidad social. Eso es el sentido teológico, porque desde Plotino hasta Marx está la idea de un cerebro que es de Dios que desciende al mundo y que lo anima. El problema es que este cerebro ha perdido su cuerpo. Ya en Plotino, ya en la tradición gnóstica cristiana, había una separación entre el cuerpo y el alma. Una política erótica hoy significa reactivar la solidaridad posible al interior del cerebro colectivo.

*Clinämen, columna radial del programa La Mar en Coche de FM La Tribu producida por Diego Sztulwark, Natalia Gennero y Diego Skliar. Ver más.

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