Este libro afirma que el neoliberalismo ha muerto, que el capitalismo es en realidad antimercado, pura estrategia de poder, voluntad bélica y máquina Estado-Capital. Y que la revolución sigue siendo una necesidad vital.
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Contracolonialidad
Bispo es un traductor de mundos. Conectó la vida de los quilombos con la ciudad. Y en ese contrapunto fue creando una mirada crítica sobre la vida de lo que llama “humanidad” y promoviendo una cosmovisión en la que nuestros deseos están siempre en diálogo con las necesidades y anhelos de la tierra
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Edición ampliada de un clásico
Concebido por la propia autora como herramienta de difusión, este libro sintetiza los debates más intensos del movimiento feminista, reconstruye su devenir histórico y los traduce a un lenguaje claro y accesible.
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La perspectiva de los vencidos
A veinte años de su primera edición, este libro recopila escritos fundamentales pero no solo eso: los textos aquí reunidos ofrecen distintas variantes de su escritura, anotaciones, comentarios —tesis en constante proceso de elaboración— que evidencian el método filosófico que caracteriza toda la obra de Benjamin.
Reseña del libro de John Gibler, Fabio Luis Barbosa dos Santos y Miguel Tovar. Una radiografía entre la crónica, el ensayo y la imagen para entender la variante más radical y sistemática del neopunitivismo contemporáneo.
Así comienza “La tierra da, la tierra quiere”, el libro de Antônio Bispo dos Santos, más conocido como Nêgo Bispo, un referente quilombola al que se le encomendó desarrollar la habilidad de traducir por escrito la sabiduría de su pueblo. Bispo falleció en 2023, pero su legado continúa. Aquí, un adelanto del libro que saldrá en los próximos días y presentaremos el viernes 7 de agosto en Cazona de Flores, junto a su hija Joana María y la investigadora Renata Marquez.
El autor italiano analiza el “ciclo estratégico” del capitalismo, donde la guerra y la violencia reemplazan al mercado. Desde 2008, Estados Unidos impone un “estado de excepción global” para extraer tributos de aliados y enemigos, revelando una esencia fascista: la fuerza política decide, no la economía. El capitalismo liberal organiza genocidios y guerras civiles por sí mismo, sin necesidad de fascistas externos, naturalizando la barbarie como su normalidad.