RESEÑAS

Otra vida, otro futuro: el transfeminismo contra el capital financiero

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La filósofa feminista Mara Montanaro destaca el último libro de Verónica Gago y Luci Cavallero, a partir de su edición en italiano. "Un análisis económico, filosófico, sociológico, descolonial y también psicoanalítico", define.

«Avanzar a ciegas, o abandonar la historia, tiene la ventaja de hacer más palpables otras concepciones del tiempo: la sensación de un tiempo plegado, intergeneracional, lo que las estudiosas feministas Astrid Neimanis y Rachel Loewen Walker han definido como thick time, un tiempo denso, un alargamiento transcorpóreo entre pasado, presente y futuro».

Parto de esta frase de Maggie Nelson para adentrarme en el libro de Verónica Gago y Luci Cavallero desde el punto quizás más decisivo: la disputa sobre el tiempo. No simplemente sobre el presente político, sino sobre la posibilidad misma de reclamar futuro. No el futuro, no un futuro como promesa lineal u horizonte progresivo de la historia. Más bien, reclamar futuro como gesto político: reclamar lo que nos ha sido sustraído. El tiempo expropiado, el tiempo capturado en las ruinas de un capitalismo financiero que organiza de manera capilar toda la vida. Un capitalismo que nunca es solo económico, sino siempre también colonial, patriarcal e imperial.

Tengo la suerte de conocer desde hace muchos años a las autoras y su trabajo. Por eso, al leer este libro, lo primero que llama la atención es una cualidad poco común: la coherencia entre la vida militante y la escritura. Lo que emerge es una verdadera práctica teórica, un pensamiento que nace en las luchas, que toma forma en la experiencia política y que nunca separa la elaboración conceptual de la militancia transfeminista.

Emerge una verdadera práctica teórica, un pensamiento que nace en las luchas.

Gago y Cavallero no hablan de las luchas: hablan desde dentro de uno de los ciclos de luchas más poderosos que han contribuido a construir. A más de diez años de la experiencia de Ni Una Menos, este libro representa una nueva etapa de esa genealogía. Destacarlo es fundamental para comprender su fuerza. La experiencia alrededor de Ni Una Menos no es solo la de un movimiento transfeminista contra los feminicidios: ha sido, y es, una extraordinaria máquina de politización de la reproducción social, de la deuda, del trabajo de cuidados, de la violencia económica, de la trama entre cuerpos y territorios. Dentro de esta historia, Argentina aparece como un laboratorio dramático y muy lúcido; pero, en general, es América Latina la que emerge como un espacio en el que las luchas transfeministas han sabido leer antes y mejor que otros la conexión entre la austeridad, el extractivismo financiero y el ascenso de la ultraderecha.

Si ese movimiento abrió una etapa de movilización capaz de atravesar toda América Latina y de volver a situar en el centro la violencia capitalista y patriarcal como cuestión política global, Rivendicare futuro (ombre corte, 2026) marca un nuevo momento de elaboración teórica y estratégica. Uno de los aspectos más importantes del libro es su carácter situado. El análisis toma forma a partir de Argentina y recorre la historia reciente del país: desde la crisis y las transformaciones neoliberales de los años ochenta y noventa hasta la coyuntura actual marcada por el auge de la extrema derecha. La atención al gobierno de Javier Milei no es, por lo tanto, simplemente contingente. Sirve más bien para comprender una transformación más amplia: el paso hacia nuevas formas de autoritarismo neoliberal y de fascistización contemporánea.

Las luchas transfeministas latinoamericanas han sabido leer antes y mejor que otros la conexión entre la austeridad, el extractivismo financiero y el ascenso de la ultraderecha.

En este contexto, el libro retoma y radicaliza una cuestión central del pensamiento feminista: la fascistización de la reproducción social. Retomando las ideas de Silvia Federici y situándolas en el contexto latinoamericano, las autoras muestran cómo las políticas de la extrema derecha actúan directamente sobre los procesos de reproducción de la vida —el trabajo de cuidados, la organización doméstica, las economías comunitarias— tratando de disciplinarlos y privatizarlos.

Un pasaje particularmente significativo se refiere a la forma en que la extrema derecha opera en el terreno afectivo y social. El proyecto político no consiste sólo en el desmantelamiento de las infraestructuras públicas o de los derechos sociales, sino también en romper las coaliciones y las alianzas construidas por los movimientos. En este proceso, el sufrimiento producido por la crisis se reorganiza políticamente: el resentimiento se transforma en culpabilización individual, neutralizando la posibilidad de reconocer las causas estructurales de la explotación.

Este libro se inscribe en una genealogía muy precisa de trabajos que las autoras han construido, en los últimos años, sobre una lectura feminista de la deuda. Una primera etapa fundamental fue Una lectura feminista de la deuda. ¡Vivas, libres y desendeudadas nos queremos!, publicado en Argentina en 2019 y traducido al italiano en 2020 (ombre corte), donde Gago y Cavallero ya enfocaban la deuda como un dispositivo que atraviesa la reproducción social, la vida cotidiana y las economías populares. Desde esa perspectiva, «el acto de revelar, hacer visible, así como de incorporar y territorializar la deuda» (p. 12) nunca es neutral: siempre parte de una pregunta política concreta. ¿Cómo, se preguntan las autoras, se desobedece a la deuda? ¿Cómo se cuestiona el gobierno de las finanzas sobre las vidas? ¿Y cómo se construyen prácticas colectivas capaces de sustraer tiempo y trabajo a su lógica?

A esta elaboración le siguió ¿Quién le debe a quién? Ensayos transnacionales de desobediencia financiera, editado junto con Silvia Federici, que recoge experiencias y prácticas de lucha contra la deuda en una perspectiva transnacional y construye una verdadera política de desobediencia financiera. Un paso más allá lo representa La casa como laboratorio, donde Cavallero y Gago muestran cómo la financiarización penetra en el espacio doméstico, transformando la casa en un laboratorio del capital financiero y haciendo visible el nexo entre deuda, trabajo reproductivo y violencia de género. La crisis sanitaria ha puesto aún más de manifiesto cómo la financiarización de la reproducción social y el endeudamiento doméstico se han convertido en instrumentos centrales de gobierno de la precariedad. Rivendicare futuro se sitúa, por tanto, dentro de esta trayectoria teórica y política, pero al mismo tiempo marca una nueva fase.

El título original del volumen, Contra el autoritarismo de la libertad financiera, señala con claridad el objetivo polémico; la traducción al italiano, sin embargo, no atenúa el antagonismo, sino que lo relanza en otra forma. Como escriben las autoras en el prólogo a la traducción al italiano, hay una verdadera reivindicación de futuro que no omite en absoluto el conflicto, sino que lo nombra a partir de su apuesta esencial: el movimiento transfeminista contra el capital financiero. En este sentido, el título italiano capta quizás de manera aún más radical lo que está en juego en el libro. El futuro no es aquí una promesa abstracta, sino el terreno mismo de la contienda. La financiarización de la vida no se limita a extraer valor del presente: captura el tiempo por venir, lo hipoteca a través de la deuda y lo transforma en una forma de dominio sobre la vida. Reivindicar futuro significa, pues, sustraer ese tiempo a la captura del capital y devolverlo a las prácticas colectivas que continúan, obstinadamente, inventando otras formas de vida. El hilo conductor que atraviesa este poderoso manifiesto contra las formas anarcocapitalistas de negación de la interdependencia es la noción de la deuda como método. No la deuda como simple tema económico, no la deuda como objeto sectorial, sino la deuda como trama capaz de conectar la austeridad, la libertad financiera y el ascenso de la extrema derecha. Las autoras muestran con extrema claridad cómo el endeudamiento no es un efecto secundario de la crisis, sino un verdadero dispositivo de gobierno, una tecnología de mando que organiza la precariedad, captura el tiempo futuro y mide la pérdida de poder colectivo de quienes trabajan, con o sin salario.

El futuro no es aquí una promesa abstracta, sino el terreno mismo de la contienda.

Es aquí donde el libro da un giro teórico riguroso y analítico: muestra cómo la libertad financiera no solo genera nuevas formas de explotación, sino también una moralización específica del riesgo. La libertad financiera no es en absoluto una liberación: es un régimen que redistribuye el riesgo, lo individualiza, lo transforma en un atributo moral y en una promesa especulativa. En otras palabras, la precariedad no se elimina, sino que se reformula como prueba individual de capacidad, como aptitud para exponerse, para invertir en uno mismo, para especular incluso sobre la propia supervivencia. Las finanzas se presentan como una promesa de autonomía y, en cambio, producen nuevas formas de subordinación.

Desde este punto de vista, el análisis que proponen Gago y Cavallero está, de nuevo, profundamente situado. Nace en Argentina, recorre la historia reciente del país, desde las transformaciones neoliberales de los años ochenta y noventa, pasando por la crisis de 2001, el préstamo récord del FMI en 2018, la pandemia, hasta la coyuntura actual marcada por el gobierno de Milei. Pero precisamente porque está situado, este análisis es una lectura que se ofrece como traducción política para otros contextos: no como un modelo que se aplique mecánicamente, sino como una caja de herramientas conceptual para comprender cómo el neoliberalismo autoritario, el antifeminismo de Estado y la financiarización de la vida se articulan hoy a escala global.

Esto es decisivo también para comprender el concepto de fascistización de la reproducción. Las autoras no utilizan el término como una inflación retórica, sino para nombrar un proceso preciso: una estrategia política que confiere más poder al capital, intensifica la precarización, destruye las convergencias colectivas y organiza el caos como técnica de gobierno. La fascistización, en esta perspectiva, no es un residuo del pasado: es una modalidad contemporánea de mando, una forma neocolonial de aceleración de la violencia.

Uno de los aspectos que más impacta del libro es precisamente su capacidad de construir, a partir de este laboratorio situado, la posibilidad de otra vida y de otro futuro. No en el sentido ingenuo de una esperanza abstracta, sino en el sentido riguroso de una recomposición de las luchas. Es aquí donde el capítulo sobre la comunidad futura se vuelve esencial. La fórmula «unir las luchas es nuestra tarea» vuelve como consigna y como orientación estratégica. Y la frase que las autoras escriben al inicio de esa sección es, en mi opinión, central: «la imaginación se nutre de las luchas y no hay imaginación del futuro sin prácticas políticas. (No viene primero la imagen/imaginación y luego la acción). Las prácticas alimentan la imaginación porque muestran los obstáculos concretos que hay que enfrentar y superar. La imaginación es fundamental como estrategia contra la voluntad de encerrar los conflictos en sectores aislados y contra una apuesta por la política como marketing de la comunicación» (pp. 91-92). También la estructura del libro es, en este sentido, extremadamente poderosa. Las ocho tesis sobre la deuda, las ocho tesis sobre la centralidad estratégica del género, las ocho tesis sobre la comunidad futura son una forma de organización del pensamiento que da claridad y ritmo a un material complejo. Hay algo casi musical en este retorno de la estructura, pero es una música rigurosa, militante, que mantiene unida la precisión teórica y la fuerza pedagógica.

Y luego están las conversaciones finales, que me parecen otro elemento de extraordinaria importancia. Aquí el libro adopta un dispositivo que recuerda el método de la investigación militante y, en ciertos aspectos, también una cierta herencia operaísta: no producir teoría sobre las luchas, sino a partir de ellas, con ellas, dejando que sean las propias prácticas las que generen conceptos. Las conversaciones con Alma Fernández de Villa 31, con Ruth Zurbriggen de La Revuelta, con Ariel Sánchez y Nicolás Pontaquarto sobre la relación entre masculinidad y finanzas, con Paola Urquizo sobre las familias monoparentales y, por último, con Río Feminista, abren el libro hacia una inteligencia colectiva que prolonga y pone a prueba sus hipótesis.

En particular, el diálogo con Río Feminista me parece decisivo porque amplía y desplaza aún más el campo de análisis. Aquí no se trata solo de extractivismo financiero, de los territorios o de los bienes comunes, sino también de un verdadero «extractivismo de la sensibilidad: una escisión producida entre los cuerpos y sus territorios» (p. 142), entre lo que se vive y lo que se percibe, entre memoria, sedimentos, economías invisibles y procesos de devastación. El río, las islas, el delta, el humedal ya no aparecen como un fondo natural, sino como cuerpos vivos, como archivos materiales de relaciones, culturas, trabajo invisible, vínculos. Es una de las partes en las que el libro muestra con mayor evidencia su capacidad para aunar análisis económico, ecología política y una sensibilidad psicoafectiva hacia las formas de despojo.

El trabajo de Gago y Cavallero tiene el gran mérito de ser a la vez un análisis económico, filosófico, sociológico, descolonial y también psicoanalítico.

Porque este es también un punto que me gustaría destacar: el trabajo de Gago y Cavallero tiene el gran mérito de ser a la vez un análisis económico, filosófico, sociológico, descolonial y también psicoanalítico. Pienso sobre todo en su interpretación de la ultraderecha como una máquina capaz de transformar la frustración, el miedo, el resentimiento y la inseguridad en violencia disponible, en microfascismo al alcance de la mano, en deseo de crueldad. Aquí su análisis no se limita a las instituciones o a los programas económicos: entra en la producción de subjetividades, en los mecanismos afectivos de la contraofensiva, en ese punto exacto en el que el dolor social se convierte en culpabilización y odio. Por eso, cuando hablan de contraofensiva, Gago y Cavallero no se refieren simplemente a un backlash. La contraofensiva es, como escriben, una verdadera contrarrevolución: un giro en las dinámicas sociales que intenta restaurar jerarquías y órdenes de distribución del valor y del desvalor entre cuerpos, trabajos y recursos. Es aquí donde la política de la crueldad y la libertad financiera se unen y esta última aparece entonces como lo que es: no lo contrario del autoritarismo, sino su máscara contemporánea.

Y es aquí, en el fondo, donde el título en español muestra todo su poder. Reclamar futuro significa sustraer el tiempo de la vida a la captura de la deuda, de la aceleración, del caos organizado, de la especulación impuesta como norma. Significa devolver el futuro a las prácticas que lo hacen pensable, vivible y habitable. No hay nada de abstracto en esta reivindicación. Hay, por el contrario, la densidad concreta de la lucha que pasa por el trabajo, por los cuerpos, por los territorios, por los vínculos, por la sensibilidad. Y es precisamente esta la fuerza singular del libro: mostrar que el futuro no está ante nosotros como un horizonte vacío, sino que se construye ya ahora, en el esfuerzo y la inventiva de las luchas.

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Mara Montanaro es una filósofa, investigadora y autora feminista. Se desempeña como directora de programa en el Collège international de philosophie (CIPh) y es investigadora asociada al laboratorio LEGS (Laboratoire d’études de genre et de sexualité) de la Université Paris 8.

Reseña publicada originalmente en Opera Viva, a propósito de la edición italiana del libro “Contra el autoritarismo de la libertad financiera” de Verónica Gago y Luci Cavallero (Ombre Corte).

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